No veo mucha compatibilidad entre los deseos de conocer todo lo que mi tiempo me deje y el miedo a estar fuera de mi hogar (a pesar de que siempre pensé que el hogar iba a estar allá donde yo estuviera). Será por ello que allá donde voy siempre intento hacerme un nuevo hogar, una nueva familia. Pero, no es fácil; las secuelas que van quedando son muchas y me acompañan en el camino. Ojalá fuera capaz de soportarlas en todo momento, de aparcarlas a un lado o, mejor, de acabar con ellas, pero en el fondo sé que es prácticamente imposible y que debo acarrear con ellas, que me acompañaran sobretodo en los momentos de debilidad, anulándome, adormeciéndome, pesándome en las piernas, los brazos, la cabeza...
Son como piedras que debo llevar pegadas a cada parte de mi ser, como un castigo militar. Quizás sea una señal, algo que está ahí para demostrarme que jamás debí salir de casa, que era mi opción: aguantarme, permanecer estática, consumir mis pensamientos lentamente, rechazando la oportunidad de ver como se los tragan las llamas día a día, a pesar de la belleza de las mismas en todo su fulgor, en su éxtasis ardiente. Una señal que me repite cada día que mis sueños de adolescencia eran terriblemente discordantes con mi preparación vital. Una carga que amenaza con quedarse para siempre si no echo marcha atrás, si no me relajo lo suficiente como para volver. Pero, ¿cómo se puede volver sin dolor?, una vez vistas las llamas, una vez que se han visto murallas caer hechas cenizas, brillantes emociones nuevas surgir del fulgor de la hoguera, ¿cómo cerrar las llagas que el fuego deja al convertirse en las brasas que han de consumirse poco a poco, sin alterar su entorno?

7 comentarios:
Es curioso... yo tengo unas ganas terribles de irme de casa. Y creo que cuando lo haga, si todo va como quisiera, no sentiré demasiado la perdida del hogar. Claro, son muchos momentos vividos allí, pero aun así...
En fin susurradora, un abrazo enorme!
En mi casa nos encanta a todos viajar y solemos decir que salir de casa y conocer otros mundos sirve para desear con renovadas fuerzas volver a casa, nuestro hogar, clima y gente. Estoy de acuerdo en el sentido de tomar esta vida como una parábola, pues creo que toda la vida e incuso ella misma se basa en la parábola (y/o en el número 3,pero ese es otro tema!).
Sin querer pasarme de listo me gustaría comentar que yo, el día que tenga que volver a casa (me quedan unos días para salir de ella) intentaré volver feliz y nostálgicamente pleno tras todo lo vivido, afrontando con alegría y templanza lo que haga. Tendé mas experiencia y recordaré mis días,espero si los vivo plenamente, gustoso de saber cuánto he hecho; como cuando una relación acaba. Y esto también lo aplicaré cuando lleguen mis últimos días.
Estupendo tema; tus palabras me suenan tan etéreas como tu título.
Un abrazo
Yo sólo tengo dieciocho añitos, y ya comienzo a saborear el desilusionado apetito que crea esto de convertirse en adulto... Y es que toda nuestra vida es una odisea, pero sólo hay una Ítaca, como ya bien aprendí leyendo y en las clases de literatura universal, a la que volver, y, precisamente, es esa a la que nunca podemos regresar. Irónico, cuanto menos, la vida... Me he sentido identificado con muchas de tus palabras. Hace poco escribí un relato que tuvo bastante buena acogida, llamado La eterna llama, que trataba precisamente, en parte, sobre todo esto de la vida. Un relato algo metafísico, vaya. Y que no deja, por cierto, de traerme un encanto particular...
Por cierto, me gustaría contactar contigo. En mi página está mi correo.
Una sonrisa, y un abrazo.
Cuando estás quieres irte y cuando te vas quieres volver.Así somos.
grande si que es volver y reencontrarme contigo.
por cierto me encanta que en tus gafas se reflejen las nubes ;)
art dejó el hogar muy joven para caminar carretera arriba solo con un saxofón.
art opina que tarde o temprano hay que sufrir, y que si se puede sufrir y seguir teniendo una sonrisa que ayude a sufrir menos, como la tuya, bien vale la pena dejar atrás el hogar en Gardena, California para hacer carrera en la industria del jazz.
y punto.
En cada destino vamos dejando un trocito de piel, un poco de esperanza, un poco de ilusión; y vamos creando pequeñas corazas que nos ayudan a madurar. y Como bien dices, no es fácil.
Besos
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